Post-pre-fire © Leo Hidalgo CC Attribution 2.0 Generic

Se sabe que las civilizaciones humanas ya practicaban rituales desde hace 100 millones de años. Por supuesto, muchos de ellos hoy por hoy ya no se practican, pues no tendrían demasiado sentido en nuestras actuales sociedades pero, algunos de los que hoy en día llevamos a cabo, se sabe que se llevan realizando desde tiempos muy remotos. Válgase de ejemplo los rituales de sepultura para los miembros del propio grupo.

Un ritual consiste en una serie de acciones con un alto grado de simbolismo, que se manifiestan de forma social y que están preprogramadas. Suelen ser muy elaborados y tienden a realizarse de una forma estereotipada. Aunque puedan ofrecer cierta flexibilidad en sus matices, los patrones básicos del ritual suelen ser muy conservados. Para ilustrarlo podemos pensar en cualquiera de las tradiciones religiosas o populares a las que hayamos asistido.

Pero ¿cuál es el motivo que hace que los seres humanos tendamos a adherirnos y a preservar a través de las generaciones este tipo de prácticas? ¿Son realmente importantes y necesarios los rituales en nuestras sociedades?

Los rituales de transición son importantes en la medida que ayudan a las personas y a su entorno a dar la bienvenida, a adaptarse y a recolocarse ante cambios importantes en el ciclo vital. Por ejemplo, muchas tribus africanas, como los Masai, realizan rituales iniciación que indican a sus adolescentes cómo debe ser su entrada en la etapa adulta. Otros rituales, como los de casamiento, marcan de una forma simbólica y clara el compromiso de una pareja de iniciar una vida conjunta, anunciando a familiares y amigos la intención de generar un nuevo núcleo familiar que deberá ser respetado por estos, poniendo, de este modo, límites al propio entorno de origen de cada uno de los miembros de la pareja. Las ceremonias de entierro y las visitas que realizan los familiares de los fallecidos al cementerio ayudan a aceptar la pérdida, a recolocar al fallecido y, en definitiva, a elaborar un duelo sano.

Existen otro tipo de rituales, aparentemente sin importancia, que forman parte de la cotidianidad de las familias pero que, en cierta forma, contribuyen a la propia identidad familiar. Cosas tales, como quién pone la mesa, cuál es la hora de acostarse, de qué manera los miembros se saludan o se despiden o cómo y en qué grado comparten tiempo juntos.

Los rituales inducen, por tanto, a la cohesión de los grupos sociales, comunican, transmiten valores, dan sentido a la vida, confieren un significado compartido, facilitan el consenso y la transición por las diferentes etapas del ciclo vital y nos ayudan a recolocarnos ante los cambios, a abrir y cerrar ciclos, a disminuir miedos y ansiedades, a establecer límites y a definir y lograr metas. En definitiva, nos guían.

Visto lo potentes que pueden llegar a ser este tipo de prácticas, no es de extrañar que los psicólogos y, especialmente aquellos que trabajan a nivel de relaciones (familiares, de pareja, comunitarias u otras), hagan uso de ellos de una forma consciente para ayudar a sus clientes a la consecución de sus propósitos, en este caso hablamos de RITUALES TERAPÉUTICOS. Ya que la solicitud del cliente es siempre EL CAMBIO terapéutico, los psicólogos muchas veces pueden diseñar y personalizar rituales para sus clientes con el objetivo de facilitar el deseado cambio.

La festividad de San Juan es especialmente interesante para este empeño pues, se dice que la noche de San Juan es mágica y la literatura esotérica es amplia en cuanto al diseño de poderosos rituales destinados a formular y materializar los deseos de las personas  y que están planteados para ponerse en práctica durante la festividad. De hecho, puede afirmarse que todo ritual es en cierto grado mágico, pues, al fin y al cabo, lo que la magia plantea es que una acción puede generar cambios en la naturaleza y los rituales tienen el potencial de generar cambios al menos en el plano de la naturaleza psíquica de las personas. La magia está en el hecho de lograr orientar nuestro pensamiento hacia el firme propósito de cambio, en modificar pensamientos, creencias, pautas, en promover la acción.

Para simbolizar y así dar un mayor poder a dicho propósito de cambio pues ¿por qué no? podemos ayudarnos de los tres elementos típicos utilizados en la verbena: el fuego, el agua y la tierra.

Nosotros hemos aprovechado esta cautivadora fecha para trabajar con nuestros clientes a este nivel y hemos creído interesante poder compartir alguno de estos trabajos contigo con el fin de darte algunas ideas inspiradoras:

  • Los rituales terapéuticos de remisión de deudas son muy útiles para problemas relacionales en los que uno de los miembros no se ve capaz de deshacerse de la culpa que le genera el hecho de haber dañado a su pareja u otro miembro de la familia. Por ejemplo, esto ocurre de forma muy frecuente cuando nos encontramos con personas que sufren o han sufrido algún problema de adicción. Por medio de un sistema de “pagos emocionales” (pequeños regalos, detalles y compensaciones) se puede ir redimiendo cada una de las situaciones por la que el deudor o deudores consideran sentirse en deuda. Esta deuda puede irse saldando a lo largo de una o varias semanas, sin mencionar el motivo del pago para no rememorar situaciones generadoras de conflictos. Finalizado el plazo, la deuda se salda, en un ambiente distendido, de comunicación y perdón sincero, se quema o se destruye de algún otro modo y se entierra con el objetivo de no volver a ser más desenterrada y avanzar, a partir de ese momento, hacia un cambio de orientación que va del momento presente hacia adelante.
  • Cuando uno quiere deshacerse de una idea irracional que tiene integrada y que le resulta limitante, puede, por ejemplo, anotar la idea en un pedazo de papel, quemarla e introducir las cenizas en una maceta en la que crecerá una hermosa flor que deberá ser regada y cuidada y que representa el opuesto que se pretende interiorizar. En este caso, el fuego actuaría como elemento destructor, la tierra como generador de vida y el agua como purificador.
  • Quemar objetos que forman parte de un pasado al que parece que uno permanece anclado cuando se desea realizar un cambio de fase es uno de los rituales terapéuticos más utilizados.
  • Una familia puede, por ejemplo, también, literalmente enterrar un hacha de guerra.

Evidentemente, todos estos rituales que nosotr@s hemos elaborado se acompañan de un intenso trabajo terapéutico, tanto previo como posterior. No obstante, te animamos a que des rienda suelta a tu imaginación y que adaptes o idees los tuyos propios, aprovechando la ocasión de la verbena.

Recuerda que tienen que esbozarse de forma muy precisa previamente, lo cual puede incluir timings, horarios, participantes, recetas, símbolos, indumentarias y todo lo que consideres necesario, sírvase de ejemplo el cuidado y la dedicación con la que los esposos realizan todos los preparativos previos a su boda. Hay que tener también en cuenta que, aunque pueden usarse de forma individual, son especialmente útiles para la resolución de problemas relacionales, por lo que lo interesante sería poder realizarlos en comunión con otras personas significativas que, por supuesto, tienen que compartir el objetivo que persigue el ritual.

Todos tenemos la capacidad de hacer magia cuando conseguimos que nuestros pensamientos, intenciones y emociones trabajen en nuestro beneficio. Hagamos uso de este enorme poder que se encuentra en nuestro interior. ¡Mucha suerte!